ILDEFONSO LOZANO PARTAL (ESTEPONA, 1860 – MELILLA, 1939)

Se cumplió en el año de 2009, el 70º aniversario de su muerte, y en el de 2010 el 150º aniversario de su nacimiento, efemérides que se prestan a recordarle ampliamente.

Casó con Isabel Aragón Parrado, hija de Miguel Aragón, ex-alcalde de Estepona y de Josefa Parrado Vázquez.

Fue alcalde accidental en Estepona en 1891, apareciendo así en las Actas Municipales de este año citado. En el Prólogo a su libro “Cosas de Política”, por Eugenio López Sánchez, dice de él:

“Fuiste Alcalde y eres POBRE. No todos pueden ostentar más glorioso blasón. Hombre honrado al fin. Con eso bastaría para asegurar tu honradez”…

En 1896 era Presidente del Comité Liberal Dinástico de Estepona.

Se trasladó a Melilla sobre 1913.

Además de ciertos artículos, escribió los siguientes libros:

-El mecanismo electoral.
Estepona, 1903
-Memorandum. Cosas de España [mecanografiado, no editado]
Melilla, 1928
-Cosas de política.
Melilla, 1925
-Preceptiva Histórica de Estudios Humanistas.
Melilla, 1926
-Tropología Moralista de Preceptiva Jurídica.
Melilla, 1928
-La moral en acción.
Melilla, 1929
-Virtud y trabajo.
Melilla, 1929
-Estudios económicos.
Melilla, 1930
-La irrupción en Melilla el 21.
Melilla, 1930

[Apéndice documental]
El mecanismo electoral
Ildefonso Lozano Partal
Estepona, 1903

p. 13-18
D. Liborio García, interesó desde Málaga a un amigo suyo de Estepona, que se le hiciera un buen recibimiento a Don Andrés [Mellado]. Este era un joven que no contaba con elementos par resolver tan arduo problema. Tenía, en efeto, iniciativa propia, pero se encontraba sugestionado por una de esas serpientes que atraen con su hálitos a los inocentes pajarillos para devorarlos; pero aprovechando la ausencia de las figuras más salientes del pueblo, que se encontraban en la capital con motivo de las elecciones, se lanzó con la sensibilidad que ofrecen los pocos años, en busca de una orquesta que, no sin grandes esfuerzos, logró reunir que, aunque resultara poco armoniosa, producía bastante ruido. Improvisó un pirotécnico que en poco tiempo hizo cohetes en abundancia que, aun cuando de poco gusto, tronaron mucho. Se marchó a la Iglesia, e interesó del encargado de ella que el anuncio del primer cohete mandara repicar las campanas. Este, en un principio, opuso alguna resistencia, alegando que no le era permitido, porque solo a los obispos se le repicaban las campanas a su entrada en los pueblos, pero como hombre práctico que de todo sabía sacar partido, se decidió al fin, no sólo disponiendo que se echaran todas las campanas al vuelo, sino que fué formando parte en la inconsciente comitiva, con todo el personal de la Parroquia, a esperar a Don Andrés, y echarle su sabia bendición. Consiguió de los maestros de escuelas que al anunciar la llegada del Candidato echaran fuera de sus clases a todos los niños, que ya ellos procurarían incorporarse a la manifestación al sentir el ruido que produjeran los distintos elementos de que ya disponían para atraer al pueblo.
El protagonista era una autoridad algo democrática, pero sabía darse importancia cuando lo juzgaba preciso; y con su bastoncito de mando en la mano, (por cierto que lo manejaba con alguna elegancia) echó su gran paseo por todo el pueblo, y hablándole a cada cual en su idioma, como suele decirse, consiguió de todos sexos y edades que se arrancaran a recibir al redentor del pueblo, como él le llamaba.
Al terrible ruido que produjo la combinación de tan bastos sonidos, se multiplicaban espontáneamente los vivas, y el pueblo quedó desierto yéndose todos a esperar al libertador que nadie conocía en él más que a un hombre como si bajara del cielo para sacarnos del cautiverio; resultando ya en efecto justificados los fantásticos prestigios de Mellado, que es de la manera que se valen muchos candidatos para hacerse diputados sin conocimiento alguno en los distritos y sin evidenciar a los gobiernos.
En Estepona se multiplicaban las visitas deseosos de juzgar por el carácter del candidato el porvenir que les esperaba.
Pero a Don Andrés, como al perro sin rabo, no se le conocían las impresiones: se limitaba preguntando a unos por sus hijos y a otros por sus esposas, aun cuando unos y otros aparecieran solteros.
Desde Estepona se marchó a Manilva …

 

© F. J. Albertos

 

Para saber más, consultar:
-Vol. 9, Estepona en el Archivo Díaz de Escovar [1996].
-Vol. 17.1, Ildefonso Lozano Partal (Estepona, 1860 – Melilla, 1939) [1999].
-Vol. 17.2, Ildefonso Lozano Partal (Adiciones 1) [2009].